Etnicidad y economía en el debate político peruano
En el ambiente político peruano en particular, y andino en general, se están levantando las banderas de la etnicidad como plataforma política electoral, lo que obliga a una revisión de conceptos que ayuden a entender la nueva configuración del espectro político. En el Perú, los "cholos" constituyen la mayoría del país. Diría que están distribuidos en el territorio nacional, y especialmente concentrados en Lima, que alberga un tercio de la población del país y que está habitada principalmente por migrantes. Los dispersos, si persistimos en usar categorías étnicas, serían los "blancos" (o "criollos").
El Perú no es el único país multiétnico y plurilingüe del mundo; sin embargo, es uno de los pocos que plantea el problema del subdesarrollo y la pobreza en esos términos. No digo que la multietnicidad no sea un factor del problema, sino que no es el principal. En los años veintes, el socialista Mariátegui dijo que el problema era económico y centró su discurso en la propiedad de la tierra. En relación al "problema del indio", como se le conocía entonces, propuso que se solucionaría cuando se solucionase el problema de la propiedad de la tierra y se unió a las banderas del indigenismo no porque pensara que la lucha de razas -categoría también popular en la primera mitad del siglo XX, era la solución del problema, sino porque se dio cuenta de que en el Perú había una coincidencia entre la mala distribución de la tierra, la mala distribución del ingreso y la deficiente distribución del poder político. En suma, fue un marxista consecuente.
Un siglo antes, el liberalismo del siglo XIX había propuesto convertir al indio campesino en propietario (tal como lo haría Hernando de Soto 160 años después) e inclusive se intentó una reforma agraria y titulación de tierras, sin embargo, esa brevísima reforma fracasó por razones que no viene a cuento mencionar acá. El punto es que también concibieron el problema principalmente en términos económicos, y secundariamente en términos educativos. También el aprismo hizo, en el siglo XX, bandera de la reforma de la propiedad de la tierra. Puede uno estar de acuerdo o no con socialistas, liberales o apristas, pero no se puede negar que las tres principales corrientes de pensamiento en el Perú republicano centraron sus análisis en la propiedad y, por ende, en la estructura económica. Incluso las banderas anti-imperialistas de socialistas y apristas responden a esa lógica: el imperialismo es malo porque drena los recursos nacionales y genera pobreza en los países subordinados. Curiosamente, se puede hacer una lectura "revolucionaria" del capitalismo popular de Hernando de Soto en tanto la conversión del campesino en propietario para acceder al crédito en el sistema financiero supone que el nuevo propietario –nuevo empresario- debería competir con las corporaciones ante las cuales estaría en desventaja y, por tanto, el desarrollo de un capitalismo popular podría unirse a una suerte de "liberalismo anti-imperialista". Por supuesto, también es posible, y eso está más de acuerdo con la línea de De Soto, proponer la complementariedad de los nuevos empresarios populares y las corporaciones. Otra vez, el problema no es étnico, sino económico o, mejor, de economía política.
Los estudios contemporáneos de etnicidad no proponen que la solución al problema de la pobreza sea principalmente solucionar al problema de la discriminación o el del centralismo, pero sí reconocen -tal como lo hizo Mariátegui en los veintes o los liberales 100 años antes que Mariátegui- que los problemas étnicos en el Perú tienen una relación con la estructura económica. Estos estudios de etnicidad proponen el uso de la categoría “ciudadano” en lugar de las categorías “cholos”, “indios” o “blancos”. Y si estamos de acuerdo en esto, entonces debemos estar de acuerdo en plantear las soluciones en términos de ciudadanía, no en términos de etnicidad.
Es curioso, pero en los últimos cincuenta años tuvimos tres gobiernos que claramente no pueden ser considerados liberales: el de las fuerzas armadas, el de García y el de Fujimori, en total veintisiete años de los últimos cincuenta. Tampoco el de Odría fue liberal puesto que estuvo manejado principalmente por terratenientes. Sobre el primer gobierno de Belaúnde, diría que fue un gobierno más bien conflictivo puesto que en él se produjo una lucha por la reforma agraria, primera bandera del acciopopulismo de entonces, por un lado, y otra de las nacientes corporaciones peruanas (como el grupo Banchero entre otros) por controlar el congreso. Justamente la imposibilidad de hacer la reforma agraria y la imposibilidad de los industriales de hacer una reforma liberal llevó al gobierno de Belaúnde a un entrampamiento del que saldría malamente.
Si alguien no ha gobernado el país, ésos son los socialistas y los liberales. Recordemos las propuestas del Movimiento Libertad: ellos quisieron hacer una revolución liberal, es decir, quisieron luchar contra el estado mercantilista, contra el estado al servicio de intereses particulares. Diría que, si algún modelo liberal ha habido en estos últimos años en el Perú, ése es el propuesto por el Movimiento Libertad que, como sabemos, nunca gobernó. Por otro lado, me llama mucho la atención algunas tenues coincidencias de diagnóstico entre el liberalismo de Vargas Llosa y el senderismo: para Guzmán, el Estado burgués o "viejo estado" estaba al servicio de la burguesía que lucraba y mantenía su poder gracias a él; en cambio, para el modelo liberal propiamente dicho, el Estado mercantilista era la herramienta de los empresarios mercantilistas que obtenían beneficios económicos de él (sean contratos para negocios específicos o control de mercados). Por supuesto las soluciones fueron diferentes: Guzmán quiso destruir el viejo estado y construir la república de “nueva democracia” mientras que Vargas Llosa quiso reformar el estado mercantilista y construir un estado liberal. En ambos casos, nuevamente el problema se centra en la economía, no en la etnicidad.
Es posible que el regreso –o “regresión”- en el debate político a categorías étnicas en lugar de categorías modernas de la teoría política o de la economía se deba al fracaso de los intentos prácticos de liberales, apristas y marxistas por solucionar los problemas del país; sin embargo, no debemos perder de vista que ninguno de esos tres grupos ha podido aplicar realmente las propuestas de sus doctrinas. Sería buena idea replantear la coyuntura política actual en términos modernos.
